MÉRIDA, Yucatán.— Hubo un tiempo en que el carnaval no necesitaba grandes escenarios ni espectáculos multitudinarios. En las colonias de Mérida, la fiesta se organizaba entre vecinos, con música, comparsas improvisadas y coronaciones sencillas, pero llenas de alegría. Era una celebración comunitaria donde todos participaban y el ambiente se construía a base de entusiasmo y convivencia.

Ese espíritu volvió a sentirse en la colonia Vicente Guerrero Oriente, donde un grupo de mujeres decidió revivir aquellos años dorados organizando su propio carnaval en la zona donde viven. La cancha de básquetbol, donde diariamente se reúnen para hacer zumba, se transformó en escenario de luces, música y color.

La fiesta comenzó a las 19:00 horas con la entrada de la reina, “Mayi I”, acompañada por “Norma I” (2025) y “Geni I” (2024), quienes presentaron el tradicional baile de monarcas. Más tarde se realizó la coronación y el simbólico “vals”, marcando oficialmente el inicio de la noche dedicada al Dios Momo.

Las llamadas “zumberas” de la Vicente Guerrero, encabezadas por Verónica López Aguilar, forman un grupo de amigas que desde hace cuatro años se reúnen para ejercitarse sin presiones, a su propio ritmo y de manera completamente gratuita. Cada mañana cargan energía antes de iniciar su rutina diaria; pero una vez al año, esa energía se convierte en carnaval.

Por tercer año consecutivo organizaron comparsas que prepararon durante casi un mes. Ante familiares y amigos, presentaron un espectáculo lleno de nostalgia y ritmo. El primer número fue una semblanza al estilo a go-go, con temas como “Bule Bule” y “La Chica Ye-Ye”. Después llegó un cuadro inspirado en “Vaselina”, seguido de ritmos polinesios al compás del tahitiano.

Para cerrar, todas se unieron en una sola comparsa para sacar los “pasos prohibidos” al ritmo caribeño, evocando a las grandes rumberas. Al final, como en los carnavales de antaño, se lanzaron regalos al público y la pista se abrió para todos, con salsa y merengue que prolongaron la fiesta.

La noche terminó como empezaron aquellos carnavales de barrio: entre risas, música, colores y comunidad. Una muestra de que las tradiciones no desaparecen cuando hay voluntad de recordarlas… y celebrarlas juntos.