“Moni, te prometimos que íbamos a volver y te vamos a sacar de aquí”. La voz firme del buzo resonó en el teléfono instalado dentro de la caverna, mientras el agua cristalina del cenote Chulul, en Homún, enmarcaba la escena más crítica del simulacro: el contacto con la víctima atrapada en una bóveda seca al otro lado de aquel mundo sumergido.Eran las 11:08 de la mañana cuando el primer equipo de avanzada localizó a “Mónica”, la supuesta turista con fracturas en brazo y pierna que llevaba horas aguardando el rescate en las entrañas del cenote. Lo que vino después fueron tres horas de una operación milimétrica que exigió sistemas de cuerdas verticales, camillas especiales equipadas con tanques de buceo, teléfonos acuáticos de un extremo a otro y la coordinación precisa de tres células de rescate trabajando en paralelo.Con este logro, Yucatán escribió una página histórica en el espeleosocorro mexicano al graduar a los primeros nueve buzos certificados en rescate subacuático de cuevas. México se incorporó así a un grupo selecto de solo seis naciones —Inglaterra, Francia, España, Polonia y Australia— con esta capacidad especializada, avalada por la Federación Mexicana de Actividades Subacuáticas (FEMAS).Una operación de precisión quirúrgicaEl protocolo se activó a las 5:55 de la mañana con el reporte de emergencia. Mientras un equipo instalaba el complejo sistema de poleas y arneses en la boca del cenote para el descenso de equipo pesado —tanques de oxígeno, camillas rígidas, férulas, medicamentos y mantas térmicas—, otro preparaba el tendido del cable del teléfono submarino que permitiría comunicación constante entre la víctima, los rescatistas y el puesto de mando en superficie.“No hay rescatistas como tal en la parte de espeleosocorro en México. Los que hacen rescate no bucean, y los que bucean no lo hacen en cuevas”, explica Cristian Alejandro Selum, instructor y buzo de cuevas, mientras supervisa el descenso de una camilla especial equipada con los aditamentos necesarios para la operación. “Aquí somos todos autónomos: podemos subir y bajar por cuerdas y bucear en cuevas porque tenemos todas las habilitaciones”.La complejidad del rescate en cenotes radica en la combinación letal de factores: espacios confinados, agua fría que puede causar hipotermia en pocas horas, visibilidad limitada si se levanta sedimento, y la necesidad de atravesar sifones —pasajes completamente inundados— para alcanzar las bóvedas secas donde pueden refugiarse las víctimas.Tecnología vital bajo el aguaA las 12:26, cuando los buzos iniciaron la preparación de la víctima para la extracción, el teléfono subacuático —uno de apenas tres existentes en todo México— permitió coordinar cada movimiento. “Paciente estabilizada, iniciamos protocolo de inmersión”, reportó el jefe de la célula de extracción mientras aseguraban a “Mónica” en la camilla anfibia.El proceso de sacarla por el sifón requirió que los buzos instalaran dos tanques y sus reguladores a los costados de la camilla, manteniéndola calmada mientras atravesaban 50 metros de caverna inundada. En superficie, el sistema de cuerdas y poleas esperaba para levantar los casi 100 kilos de peso combinado de víctima y equipo.Un antes y un despuésGermán Yáñez Mendoza, evaluador de la Federación Mexicana de Actividades Subacuáticas (FEMAS) con 38 años de experiencia en rescates, no oculta su emoción: “Este curso es trascendental para la región, es un antes y un después. Estamos creando células de trabajo especializadas que podrán coordinarse no solo en Yucatán, sino en toda la península y el país”.El veterano rescatista, quien participó en operaciones en los terremotos de la Ciudad de México y en un rescate de 12 días en Perú donde se movilizaron 70 personas para extraer a un espeleólogo con la columna fracturada, enfatiza la importancia de establecer protocolos claros con las autoridades: “Protección Civil no tiene la menor idea qué hacer dentro de una cueva. Ellos montan su puesto de mando afuera, nosotros trabajamos adentro. Cuando extraemos a la víctima, ellos toman el control médico”.Red internacional de salvamentoLos nueve graduados —todos voluntarios— quedarán registrados en una red internacional de espeleosocorro que ha demostrado su eficacia en emergencias extremas. Esta primera célula yucateca ya está en proceso de registro ante el Ministerio Público, bomberos y Protección Civil estatal para activarse ante cualquier emergencia en cualquier cenotes de los miles que hay en la península.“Todos empezamos a hablar el mismo idioma”, señala Selum mientras los buzos emergen con “Mónica” a las 14:11, completando exitosamente el simulacro.“Ya no habrá desacuerdos sobre cómo proceder. Si hay un accidente en Valladolid, en Cozumel o aquí en Homún, el protocolo de rescates es el mismo”.Con esta certificación, Yucatán no solo suma capacidad de respuesta ante emergencias en sus cenotes —visitados por miles de turistas anualmente— sino que se posiciona como pionero en Latinoamérica en una especialidad donde cada minuto bajo el agua puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.Los buzos certificados fueron: Cesar Ruiz González, Cristian Selum, Anahí Alvarado Contreras, Jesús Moo Mex, Paul Collot, Leydi Santiago Uicab, José Alcocer Castellano, Carlos Garza Cabello,Luis Martínez López.ACOM Navegación de entradasRamírez Marín propone reconocer la podología como profesión sanitaria en México Yucatán fortalece espacios alimentarios para personas en situación de vulnerabilidad