Rachel Apa, oriunda de Lewisberry, Pensilvania, colapsó cerca del kilómetro 39 —a la altura de la calle 85 del Central Park— alrededor de la 13:30, mientras completaba su primera maratón.Fue declarada muerta esa misma noche, pasadas las 21:40 en el Mount Sinai Medical Center, adonde llegó en ambulancia tras recibir maniobras de reanimación cardiopulmonar tanto de transeúntes como del personal médico del evento, según informó The New York Times.La causa de la muerte, según informó su padre Steve Apa a The New York Times y a NBC News, fue rabdomiólisis, una afección muscular en la que las fibras del músculo se descomponen y liberan componentes tóxicos al torrente sanguíneo y los riñones.Si bien puede desencadenarse por ejercicio extremo, los médicos la calificaron de “extremadamente rara” en ese contexto. “Es incomprensible”, declaró el padre. Y agregó: “Perfecta salud, perfecta condición, 24 años”.El primer grito de auxilio lo dio Michaela Nicholas, una trabajadora social de hospital que estaba entre el público. Vio pasar a Apa con el dorsal número 29977 y, segundos después de animarla en voz alta, la vio caer.Al acercarse, no encontró pulso. La espectadora llamó a un médico, y tres personas —dos de ellas identificadas como doctores— se turnaron para aplicar RCP hasta que llegaron los servicios médicos de la maratón, que continuaron la reanimación y utilizaron un desfibrilador. Minutos después, los paramédicos la trasladaron al hospital.Su padre la siguió por la app mientras ella le enviaba mensajesSteve Apa siguió la carrera desde su casa en Pensilvania a través de la aplicación oficial del maratón, enviándole mensajes de aliento a su hija en cada kilómetro. Al llegar al kilómetro 22, su esposa Michelle Apa —que recorrió los cinco distritos de la ciudad junto a dos amigos de Rachel para seguirla en persona— grabó un video de la joven saludando a la cámara con una sonrisa, vestida con una camiseta y short verde claro.Hacia el kilómetro 15, Rachel le había escrito a su padre: “Hey, go” —una frase que compartían desde hacía años, un guiño a los días de Steve jugando fútbol americano en la Universidad de Lehigh— y luego agregó: “Nunca me sentí tan bien”.Él le respondió con cautela: “Genial, no te excedas. Es tu primer maratón. Es una carrera de aprendizaje”.Al kilómetro 29, ella escribió “Ay” (posiblemente manifestando alguna dolencia). Para el 30 y 31, repitió “Ay, ay” y luego no respondió más. Steve le siguió enviando mensajes en los kilómetros 33, 34 y 35, y al llegar al 35 le escribió: “Todo a la meta, nada a la velocidad”.Hacia el kilómetro 15, Rachel le había escrito a su padre: “Hey, go” —una frase que compartían desde hacía años, un guiño a los días de Steve jugando fútbol americano en la Universidad de Lehigh— y luego agregó: “Nunca me sentí tan bien”.Él le respondió con cautela: “Genial, no te excedas. Es tu primer maratón. Es una carrera de aprendizaje”.Al kilómetro 29, ella escribió “Ay” (posiblemente manifestando alguna dolencia). Para el 30 y 31, repitió “Ay, ay” y luego no respondió más. Steve le siguió enviando mensajes en los kilómetros 33, 34 y 35, y al llegar al 35 le escribió: “Todo a la meta, nada a la velocidad”. Le mandó un último mensaje en el kilómetro 39 y notó que la ubicación de su hija en la app había dejado de moverse.Michelle Apa y las amigas de Rachel, que aguardaban en el kilómetro 42, también vieron que el punto en la pantalla no avanzaba. Steve llamó a su esposa y le pidió que fuera hacia donde estaba Rachel.Al llegar a la zona del kilómetro 39, Michelle empezó a llamarla a gritos. Un paramédico que aún estaba en el lugar le informó que una ambulancia acababa de llevarse a su hija al hospital, y la transportó en una segunda ambulancia al Mount Sinai. Steve, mientras tanto, emprendió el viaje en auto hacia Nueva York. Navegación de entradasAndreas Almgren hace historia al ganar la maratón de Nueva York 2026 en su debut en la distancia