En un movimiento que ha sacudido la comunidad internacional, el presidente Donald Trump ha firmado un decreto para retirar a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) apenas horas después de su investidura.

Este 21 de enero de 2025 firma también de una orden ejecutiva para salir del Acuerdo de París sobre Cambio Climático.

Estas decisiones, que rememoran acciones similares tomadas durante su anterior mandato, pero todo mucho más tajante y rápido.

El movimiento del nuevo inquilino de la Casa Blanca reaviva el debate sobre el papel y la eficacia de la OMS en el escenario global de la salud pública.

El decreto presidencial ordena la suspensión inmediata de las contribuciones estadounidenses a la OMS y establece un plazo de 12 meses para completar el proceso de retirada.

Trump justificó esta medida alegando que «Estados Unidos paga injustamente más que China» al organismo de la ONU y acusó a la OMS de haber «estafado» a su país.

Esta acción drástica no es una sorpresa para muchos observadores internacionales, dado que Trump ya había iniciado un proceso similar en 2020, durante la pandemia de COVID-19.

En aquella ocasión, el expresidente Joe Biden revocó la decisión al asumir el cargo en 2021, reintegrando a Estados Unidos en la organización.

Las críticas de Trump a la OMS no son nuevas y se centran en varios aspectos que han sido objeto de controversia en los últimos años:

Gasto disparado y cuotas desproporcionadas

Trump ha señalado repetidamente la disparidad en las contribuciones entre Estados Unidos y otros países, especialmente China.

Según el mandatario, «Estábamos pagando 500 millones de dólares a la OMS. Es bastante triste: China paga 39 millones y nosotros 500, y China es un país más grande».

Esta afirmación subraya la percepción de una carga financiera desigual sobre los contribuyentes estadounidenses.

Una de las acusaciones más recurrentes es la supuesta parcialidad de la OMS hacia China.

Trump y sus seguidores argumentan que la organización ha sido demasiado complaciente con el gigante asiático, especialmente durante las etapas iniciales de la pandemia de COVID-19.

Se critica que la OMS tardó en declarar la emergencia sanitaria internacional y que elogió excesivamente la transparencia de China en la gestión de la crisis.

La administración Trump ha cuestionado la capacidad de la OMS para tomar decisiones oportunas y efectivas en situaciones de crisis.

Se señala, por ejemplo, la inicial recomendación de la OMS contra las restricciones de viaje desde China al inicio de la pandemia de COVID-19, una medida que Trump considera que «salvó un sinnúmero de vidas» cuando decidió ignorarla.

Aunque no se mencionan específicamente en las declaraciones recientes, críticas anteriores a la OMS han incluido cuestionamientos sobre los gastos de viaje y alojamiento de sus altos funcionarios, así como sobre la eficiencia en el uso de los fondos para programas de salud global.

 Se teme que la retirada de Estados Unidos, el mayor contribuyente de la OMS, pueda debilitar significativamente la capacidad de la organización para responder a crisis sanitarias globales y mantener programas cruciales de lucha contra enfermedades como el VIH, la malaria y la tuberculosis.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, había hecho un llamado a Estados Unidos días antes del anuncio de Trump, solicitando 1.500 millones de dólares adicionales para fortalecer la respuesta global a futuras pandemias. Este pedido ahora parece haber caído en oídos sordos.

La Unión Europea ha reafirmado su compromiso con la OMS, señalando la importancia de la cooperación internacional en materia de salud. China, por su parte, ha criticado la decisión de Estados Unidos, calificándola de irresponsable y perjudicial para los esfuerzos globales en salud pública.

La retirada de Estados Unidos de la OMS plantea numerosas preguntas sobre el futuro de la salud global y el liderazgo internacional en tiempos de crisis.

Algunos analistas sugieren que esta decisión podría llevar a una reestructuración significativa de la OMS, mientras que otros temen un vacío de liderazgo en la coordinación de respuestas globales a emergencias sanitarias.

El decreto de Trump también ordena una revisión de la Estrategia de Seguridad Sanitaria Global 2024, una iniciativa del gobierno de Biden diseñada para responder a amenazas de enfermedades infecciosas.

Esta revisión podría señalar un cambio más amplio en la política de salud global de Estados Unidos bajo la nueva administración Trump.