Con seis votos a favor y tres en contra, los jueces decidieron mantener el precedente de hace 150 años por el que todos los bebés nacidos en Estados Unidos reciben automáticamente su ciudadanía.

Trump quiere tumbar este precedente legal porque considera que abre la puerta a que los extranjeros indocumentados “se beneficien indebidamente” de las leyes de Estados Unidos, pero la Corte no está de acuerdo y, con su decisión, le asesta al presidente una significativa derrota judicial.

En su primer día de regreso al poder, el 20 de enero de 2025, el mandatario estadounidense emitió una orden ejecutiva por la que se ponía fin a la concesión de la ciudadanía a los nacidos en Estados Unidos hijos de padres extranjeros indocumentados o que permanecían en territorio estadounidense con visas temporales.

Los detractores de la medida de Trump denunciaron que la orden violaba la 14ª enmienda de la Constitución de EE.UU. que establece que todos los “nacidos o naturalizados” en el país son ciudadanos de él.

Estados Unidos es uno de los cerca de 30 países en el mundo que reconoce la ciudadanía a todos las personas nacidas en su territorio.

Tras conocer la sentencia, Trump publicó en su cuenta de Truth Social: “La Corte Suprema ratificó la ciudadanía por derecho de nacimiento, lo que es demasiado malo para nuestro país; sin embargo, podemos solucionarlo fácilmente en el Congreso mediante legislación; con el apoyo del presidente, algo que ha quedado claro durante este proceso”.

Trump llamó al Congreso a “empezar hoy” el “trabajo para poner fin a la cara e injusta para nuestro país ciudadanía por nacimiento”, e indicó que “no es necesaria una larga y engorrosa enmienda constitucional”, pese a que no es eso lo que sostienen la mayoría de juristas y lo que parece desprenderse de la última decisión de la Corte Suprema.

Los defensores de los derechos de los inmigrantes, en cambio, celebraron el fallo de la Corte.

“La 14ª enmienda volivó a probar hoy que es más fuerte que las fuerzas que intentan vaciarla de contenido”, dijo Krish O’Mara Vignarajah, presidenta de la asociación de apoyo a los migrantes Global Refuge.

El congresista demócrata por Illinois Jesus Chuy Garcia describió el intento de Trump por acabar con la ciudadanía por nacimiento como “cruel y racista” y Dariely Rodriguez, del Comité de Abogados para los Derechos Civiles bajo la Ley dijo que la sentencia “solidifica lo que hemos sabido durante cientos de años: que cualquiera nacido en el suelo de Estados Unidos, independientemente del estatus de sus padres, es estadounidense”.

Este fallo sobre la ciudadanía por derecho de nacimiento es probablemente la mayor derrota del segundo mandato del presidente Trump.

También perdió el caso sobre los aranceles a productos extranjeros, pero este asunto es de gran importancia porque él mismo se la dio.

Emitió esta orden ejecutiva el primer día de su segundo mandato. Afirmó que pondría fin al “turismo de nacimiento”, calificándolo de abuso y despilfarro de recursos, y sostuvo que esta medida debió haberse tomado hace años.

Aseguró que ningún otro país del mundo reconoce este derecho, lo cual no es cierto: cerca de 30 países, incluidos México y Canadá, cuentan con versiones de la ciudadanía por derecho de nacimiento.

Tras acudir a la Corte Suprema y escuchar los argumentos —convirtiéndose en el primer presidente en hacerlo—, comenzó a hablar de la posibilidad de una derrota; claramente la anticipaba, y finalmente la sufrió.

Y fue una derrota contundente. El resultado no estuvo ni remotamente reñido. La ratificación de este derecho mantiene el statu quo, pero para el presidente supone un duro revés.

Si desea intentar cambiarlo, tendría que intentar modificar la Constitución. Y eso, en la sociedad estadounidense actual, resulta prácticamente imposible.

Por Manuel Cauich Verde

Director del Informativo Al Interior en Vida nueva radio 101.9 de FM en Vida Nueva Radio