Panamá no renovará el acuerdo de entendimiento que firmó con China en 2017 en el marco de la Ruta de la Seda, un plan estratégico de ramificaciones geopolíticas y económicas al que Pekín asigna una importancia vital para su economía. La decisión fue anunciada este domingo por el Gobierno de José Raúl Mulino tras una reunión en Ciudad de Panamá con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. El jefe de la diplomacia de Donald Trump había advertido a Mulino que la influencia china en el canal de Panamá era “inaceptable” para Washington. Y fue más allá: si el país centroamericano no hace “cambios inmediatos” al respecto, “Estados Unidos tomará las medidas necesarias para proteger sus derechos”, dijo el vocero del Departamento de Estado, Tammy Bruce. En una rueda de prensa tras el encuentro, Mulino dijo que “no hay una amenaza real [por parte de Estados Unidos] de recuperar el canal o el uso de la fuerza”. El acuerdo entre Panamá y China debe ser renovado en 2026.

Mulino repasó la conversación mantenida con Rubio sin hacer mención de la amenaza de Washington ni a su decisión de no renovar el acuerdo con China. “Fue un encuentro muy tranquilo y respetuoso”, dijo. La de este domingo fue la primera parada de la visita oficial de Rubio por Centroamérica y el Caribe. Mulino, con tono amigable, aprovechó para enviar un mensaje a Trump: “Queremos trabajar con Estados Unidos como siempre lo hemos hecho”.

Custodiado por su seguridad oficial, Rubio bajó de una camioneta, caminó bajo el sol suave de verano y saludó al canciller, Javiel Martínez-Acha, que lo esperaba en el portal del Palacio de las Garzas, sede del Gobierno panameño. Estuvo durante más de una hora a solas con el presidente Mulino, para luego sumarse a una reunión ampliada con los equipos de ambos gobiernos, durante dos horas más. “El Canal no se negocia”, repitió Mulino después del encuentro ¿Qué sí negoció? El control del paso migratorio a través del Darién, información de inteligencia sobre lavado de dinero y crimen organizado, inversiones y, probablemente, los puertos a ambos lados del canal.

Para sacar de la pelea el canal, el Gobierno panameño invirtió más de dos millones de dólares en lobistas republicanos —uno de ellos tan trumpista que hasta pidió invadir Panamá, como hizo George H. W. Bush el 20 de diciembre de 1989— y alineó a su Gabinete con su estrategia de no escalar el conflicto. El presidente no quería —ni quiere— pelear con Estados Unidos. Había dado muestras claras de que prefería entregar cualquier cosa, excepto el único paso entre los océanos Atlántico y Pacífico.

El domingo, hubo alivio entre los funcionarios panameños presentes en el encuentro —entre ellos, los ministros de Seguridad, Economía y Relaciones Exteriores, además de asesores como el exadministrador de la Autoridad del canal de Panamá (ACP), Alberto Alemán Zubieta—. Mientras ellos intercambiaban con Rubio y su comitiva, otros panameños protestaban a pocas cuadras del despacho oficial.

En una plaza frente a la Asamblea Nacional, organizaciones sociales y de trabajadores se manifestaron contra Rubio. Ondeando banderas y custodiados por la policía, gritaban consignas contra “el país invasor” y la “oligarquía corrupta” panameña “que le roba al pueblo” desde “sus partidos políticos tradicionales”. “Es el pueblo, un puñado de ellos, el que sostiene la dignidad nacional”, dijo un orador.