Yucatán alcanzará en 2031 el punto en que habrá más personas de 60 años y más que niños menores de 12 años, según el Programa Nacional de Población 2026-2030. Ocurrirá tres años antes que en el resto del país.

Qué dice el documento federal sobre Yucatán

El programa, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 18 de mayo pasado, ubica a México en ese cruce hacia 2034. Para entonces, los adultos mayores serán 16.8% de la población y los niños 16.2%.

Yucatán aparece en el grupo de entidades que llegan primero, junto con Estado de México, Sinaloa, Sonora y Tamaulipas. Dentro de la Península es el más adelantado: Campeche cruza en 2034 y Quintana Roo hasta 2039.

Qué significa para Yucatán y el país

El envejecimiento presiona el gasto social. A nivel nacional, las personas de 60 años y más pasarán de 13.24% de la población en 2026 a 24.12% en 2050, casi el doble.

Los rezagos ya son visibles. El 28.8% de las personas de 65 años y más carece de seguridad social, y 29.3% de los adultos mayores sin jubilación vive en pobreza extrema.

El programa no crea una bolsa presupuestal nueva. Sus acciones se pagan con los recursos ya aprobados, lo que traslada el peso de la anticipación a cada estado.

Yucatán llega a ese escenario sin un Programa Estatal de Población vigente. Solo siete entidades lo tienen, y la meta federal es sumar 18 para 2030.

El bono demográfico que se agota

México vive el último tramo del bono demográfico, la etapa en que la población en edad productiva supera a la dependiente. El programa lo describe como una ventana transitoria que ya empezó a cerrarse.

La causa es la caída de la fecundidad. En 2023, las mujeres mexicanas tuvieron en promedio 1.60 hijos, por debajo del nivel de reemplazo de 2.1. Hoy hay 50 personas dependientes por cada 100 en edad de trabajar, con un peso creciente de las mayores.

Resiliencia demográfica, el enfoque nuevo

Ante ese cambio, el programa adopta la idea de resiliencia demográfica: anticipar, adaptar y aprovechar los efectos del envejecimiento antes de que se vuelvan crisis. El acento está en la planeación de mediano plazo.

Eso obliga a rediseñar salud, pensiones, empleo y cuidados para una estructura de edades distinta a la del siglo XX.

¿Crisis?

El envejecimiento apunta a una tensión fiscal creciente. Si la base trabajadora se reduce mientras crece la población que depende de pensiones y salud, caen los cotizantes por cada adulto mayor y, con ellos, la capacidad de financiar las transferencias del presente.

México llega con un agravante: casi la mitad de la población ocupada no tiene seguridad social. Muchos futuros adultos mayores no habrán cotizado lo suficiente y dependerán del erario. La Pensión para el Bienestar, universal y constitucional, crece de forma automática con cada generación que envejece, en un gasto que ya compite con salud, educación e inversión.

El debate de la próxima década girará en torno a subir la formalidad laboral, revisar la edad de retiro, gravar más o rediseñar las pensiones. La disyuntiva es clara: o el país amplía hoy quién cotiza y cuánto recauda, o traslada a los trabajadores de mañana —cada vez menos— la factura de una población que vivirá más años. El bono demográfico mal aprovechado se paga en la vejez.

ACOM

Por Manuel Cauich Verde

Director del Informativo Al Interior en Vida nueva radio 101.9 de FM en Vida Nueva Radio