El lago artificial de La Isla, en Cabo Norte, donde recientemente se encendieron alertas sanitarias, abre una interrogante que va más allá del propio cuerpo recreativo: su posible impacto sobre el acuífero y el sistema de cenotes de Yucatán, debido a que este tipo de lagos se forma mediante excavaciones que alcanzan el manto freático.

Documentos ambientales federales de desarrollos del norte de Mérida muestran este procedimiento. En el Yucatán Country Club se reportaron excavaciones de hasta nueve metros hasta alcanzar el manto freático, mientras que en Puerta Dzibilchaltún se proyectaron lagos con conexión al agua subterránea y se advirtió sobre la necesidad de regular las actividades alrededor de ellos para proteger la calidad del agua.

El lago sería una ventana directa al acuífero

El lago de Cabo Norte tiene una superficie aproximada de 5.35 hectáreas y 924 metros de longitud. El punto relevante es que el agua contenida en el vaso no necesariamente constituye un sistema independiente: si la excavación alcanzó el nivel freático y carece de una barrera impermeable, forma parte del mismo sistema de agua subterránea.

Esta diferencia resulta importante frente a la afirmación oficial de que el lago se encuentra “aislado”. El comunicado gubernamental 26-1511 señala que no tiene conexión con otros espacios recreativos ni con la red de agua potable; sin embargo, esa descripción se refiere a conexiones de infraestructura y no aclara su relación hidrogeológica con el acuífero.

En el entorno también existe una concentración importante de aprovechamientos subterráneos. Uno de los dos pozos asociados al fideicomiso 1457 de Banco Invex se ubica dentro del polígono del lago, a unos 5.3 metros de su borde, mientras el segundo se encuentra aproximadamente a 109 metros. En un área de 1.2 por 1.8 kilómetros se identificaron 27 anexos de aprovechamiento de agua subterránea registrados.

Agua subterránea puede desplazarse rápidamente

La zona pertenece al Semicírculo de Cenotes, dentro de la cuenca sedimentaria de Chicxulub. Su subsuelo está formado por roca caliza altamente permeable, con fracturas y conductos kársticos que favorecen la circulación del agua.

Las estimaciones disponibles indican desplazamientos cercanos a 17 metros diarios a través de la matriz rocosa, pero de 260 metros hasta un kilómetro por día mediante conductos kársticos preferenciales. El problema es que no existe un mapa público detallado de estos conductos debajo del área del lago que permita establecer hacia dónde se mueve específicamente el agua.

La cercanía de infraestructura de abastecimiento agrega otra variable. Un pozo de agua potable de la JAPAY se localizaría a unos 382 metros del lago, mientras aproximadamente a dos kilómetros existe un campo de pozos del sistema municipal. La extracción intensiva puede modificar localmente la dirección natural del flujo subterráneo, por lo que la distancia por sí sola no permite descartar una interacción.

Naegleria: un riesgo que todavía nadie ha medido

El punto que requiere mayor cautela es la presencia de Naegleria. Hasta ahora no existe evidencia de que una eventual presencia de la ameba en el lago haya contaminado cenotes, pozos de JAPAY o agua potable, ni está documentada la cadena “lago-acuífero-cenote o pozo-nuevos casos”.

Pero tampoco existen estudios locales que permitan descartarla. No se ha identificado vigilancia sistemática de Naegleria en cenotes, acuífero o pozos de agua potable de Yucatán.

Por ello, el caso plantea una pregunta pendiente para las autoridades ambientales y sanitarias: ¿hasta dónde llega el área de influencia hidrogeológica del lago y qué ocurre con el agua una vez que entra al sistema subterráneo?

ACOM

Por Manuel Cauich Verde

Director del Informativo Al Interior en Vida nueva radio 101.9 de FM en Vida Nueva Radio