Buenos Aires. – Javier Milei ganó las elecciones presidenciales de Argentina, en una jornada limpia, por una diferencia mayor a la esperada, derrotando a Sergio Massa quien admitió que los números no le favorecen y felicitó al triunfador, le deseó suerte y ofreció la transición rápida y tersa, como corresponde en una democracia.

Habló por teléfono con Milei para ofrecerle empezar a realizar los trabajos de transición mañana mismo (lunes 20 de noviembre).

La decisión mayoritaria de los argentinos fue sacudirse la pesadilla de la inflación y la pobreza creada por el gobierno peronista y optó por la alternativa que propuso “barrer con la casta política y empresarios prebendarios” (que reciben los favores de la discrecionalidad presidencial).

Massa informó que desde mañana quien tiene la responsabilidad de dar certezas será el presidente electo Javier Milei.

“Mañana iniciaremos la transición”, dijo Massa, quien declaró que no abandonará la política.

La inflación anual se ha elevado por encima del 140 por ciento —la tercera tasa más alta del mundo—, más de dos de cada cinco argentinos viven ahora en la pobreza y el valor de la moneda argentina se ha desplomado. En abril de 2020, al comienzo de la pandemia, con 1 dólar se compraban 80 pesos, según un tipo de cambio no oficial basado en la valoración de la moneda por parte del mercado. Esta semana, con 1 dólar, se compraban casi 1000 pesos.

Milei ha defendido que la solución es una ruptura drástica con las viejas políticas. Su campaña se centró en la promesa de “dinamitar” el Banco Central y dolarizar la economía, para lo que destrozó maquetas del banco y levantó billetes gigantes de 100 dólares con su rostro.

Su otro accesorio de campaña era una motosierra que agitaba en los mítines. La sierra representaba los profundos recortes que quiere aplicar al gobierno: bajar los impuestos, recortar las regulaciones, privatizar industrias estatales, reducir el número de ministerios federales de 18 a ocho, cambiar la educación pública a un sistema basado en vouchers y la atención de salud pública a un sistema basado en seguros, y recortar el gasto federal hasta en un 15 por ciento del producto interno bruto de Argentina.

Algunos economistas y analistas políticos han afirmado que Milei carece del apoyo político y de las condiciones económicas necesarias para llevar a cabo un cambio tan radical. Su naciente partido, La Libertad Avanza, solo tiene siete de los 72 escaños del Senado y 38 de los 257 de la Cámara de Diputados.

Sin embargo, para muchos argentinos, Milei supondrá una grata ruptura con el peronismo, el movimiento político que ha ocupado la presidencia durante 16 de los últimos 20 años, aplicando en la mayoría de los casos políticas de izquierda que han llevado al país de la bonanza a la quiebra.

Tras el declive económico más reciente y una serie de escándalos de corrupción, muchos votantes estaban desesperados por cualquier cambio, incluso a pesar de los recelos sobre la personalidad excéntrica y el temperamento provocador de Milei.

Después de decir que votó a regañadientes por Milei, Silvana Cavalleri, de 58 años, una agente inmobiliaria, afirmó que no podía seguir votando por la “corrupción”. Dijo que esperaba “que Milei por lo menos sea menos corrupto”.

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Milei superó las críticas y las inquietudes sobre una serie de comportamientos inusuales durante la campaña, como sus duros ataques contra el papa, sus enfrentamientos con fans de Taylor Swift, sus afirmaciones de ser un gurú de sexo tántrico, su disfraz de superhéroe libertario y la relación estrecha con sus perros mastines, que llevan nombres de economistas conservadores y que, además, son clonados.

Algunos votantes se desanimaron ante sus arrebatos en el pasado y sus comentarios extremos a lo largo de años de trabajo como experto y personalidad de la televisión