A pocos días de que inicie el nuevo ciclo escolar en Yucatán, una familia que recibe el salario promedio estatal de 7,390 pesos al mes enfrenta una realidad difícil: no puede costear la educación privada para sus hijos. Las colegiaturas en preparatorias y universidades privadas superan con creces la capacidad económica de la mayoría de los hogares, lo que genera una brecha educativa que acentúa las desigualdades sociales en el estado.Con base en datos del INEGI y a la revisión de costos de escuelas, alrededor del 70% de las familias yucatecas —es decir, 499,699 hogares— no tienen la posibilidad económica de acceder a la educación privada. Esto equivale a cerca de 1.66 millones de personas que viven en hogares sin capacidad para costear estas opciones educativas. En contraste, solo el 30% de las familias (214,157 hogares) cuenta con ingresos suficientes para considerar la educación privada como una alternativa real. El panorama se vuelve aún más complejo si se toma en cuenta que el 38.8% de la población de Yucatán vive en condiciones de pobreza y que un 45% adicional enfrenta algún tipo de vulnerabilidad social.Un análisis de las colegiaturas muestra que, en el nivel de preparatoria privada, las mensualidades van del 23% al 127% del salario promedio en Yucatán. En la práctica, esto significa que una familia tendría que destinar desde una cuarta parte hasta la totalidad de sus ingresos solo para pagar la colegiatura de un hijo. Las opciones más económicas del sector privado absorben al menos el 23% del ingreso familiar, mientras que las escuelas de mayor prestigio pueden superar el 100% del salario mensual, volviéndose totalmente inaccesibles.La situación se vuelve aún más crítica en el nivel universitario, donde ninguna institución privada resulta verdaderamente accesible para la familia promedio. Las colegiaturas mensuales representan entre el 60% y el 203% del salario promedio estatal, lo que obliga a destinar más de la mitad de los ingresos familiares solo para cubrir la educación superior de un hijo. En carreras de alta demanda, como medicina, el costo puede superar el 240% del salario promedio, convirtiendo estos estudios en una alternativa exclusiva para familias de altos ingresos.El contraste con la educación pública es evidente. Estudiar en la Universidad Autónoma de Yucatán representa apenas el 18.9% del salario promedio mensual, mientras que las universidades privadas más económicas exigen al menos el 67.7% de los ingresos familiares. Esta diferencia, cercana a los 50 puntos porcentuales, confirma la relevancia del sistema público como la principal vía de acceso a la educación superior para las familias de clase media y baja en el estado.Para que una familia pueda pagar educación privada en Yucatán sin poner en riesgo su estabilidad económica, necesitaría ingresos mensuales de al menos 18,000 pesos en el nivel preparatoria y entre 25,000 y 45,000 pesos en universidad, según la institución y la carrera elegida. Estas cifras representan entre 2.4 y 6 veces el salario promedio estatal, lo que coloca a dichas familias dentro de los deciles de ingresos más altos de la población yucateca.La inversión inicial también representa una barrera importante. El pago de inscripción, uniformes, útiles especializados y tecnología puede alcanzar hasta 1.8 veces el salario mensual promedio, una suma que resulta inalcanzable para la mayoría de las familias. Ante esta situación, muchos padres se ven obligados a recurrir a créditos educativos o a posponer el ingreso de sus hijos a instituciones privadas hasta reunir los recursos necesarios.ACOM Navegación de entradasBomberos auxilian a estudiantes atrapados en cenote durante exploración científica Corte invalida aumento del impuesto predial en Mérida por riesgo de gentrificación