La capital yucateca y su zona metropolitana enfrentan una amenaza real de desabasto de agua para finales de 2025, debido a una combinación de factores críticos: infraestructura obsoleta que provoca la pérdida de hasta 70% del agua por fugas, el impacto de temperaturas récord que aumentan el consumo de hasta 20% más de lo habitual, y una creciente demanda poblacional que presiona el sistema de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (JAPAY).

De acuerdo con “El Agua en Yucatán: un análisis de la situación actual y perspectivas para el 2025”, revela que la JAPAY, responsable de abastecer a más de 381,000 hogares en Mérida y zonas conurbadas de Kanasín, opera con una red de tuberías que en algunas zonas supera los 50 años de antigüedad. Esta obsolescencia resulta en aproximadamente 22,000 fugas anuales reportadas, lo que representa un desperdicio de entre 60% y 70% del agua producida.

Entre 2010 y 2020, Mérida experimentó un crecimiento poblacional del 24.9%, lo que representa una tasa de crecimiento anual promedio de aproximadamente 2.25%. Estas estimaciones sugieren que, para 2024, la población de Mérida podría ser aproximadamente 1,269,000 habitantes. Además, Mérida vive un “boom” inmobiliario, dado su atractivo como la ciudad más segura y que tiene las mejores condiciones para vivir.

Por lo tanto, para satisfacer esta demanda actual, la JAPAY produce aproximadamente 5,888 litros de agua por segundo, distribuidos entre cerca de un millón de personas a través de 381,000 tomas domiciliarias, comerciales e industriales. A pesar del crecimiento poblacional e industrial en la zona metropolitana de Mérida, la JAPAY ha mejorado su eficiencia en la distribución y facturación del agua, lo que ha permitido cubrir la demanda sin necesidad de construir nuevas plantas potabilizadoras.

El consumo per cápita en la región ha mostrado variaciones importantes. Mientras que en 2012 se registraba un suministro de 288.6 litros por toma domiciliaria, datos más recientes proporcionados por el director de la JAPAY indican que cada meridano consume alrededor de 120 litros diarios. Esta reducción del 21.1% en el índice de agua suministrada por habitante durante la última década sugiere cambios en los patrones de consumo.

Las olas de calor han exacerbado la situación. En 2024, Mérida y Progreso registraron temperaturas récord superiores a los 43 grados centígrados, superando marcas históricas. Este fenómeno, agravado por la disminución de la vegetación urbana y el crecimiento poblacional, ha incrementado la demanda de agua para mitigar las altas temperaturas.

Según información reciente de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (JAPAY), durante la temporada de calor extremo, el consumo de agua potable en Mérida aumenta hasta un 20% en los usuarios domésticos. Este incremento se atribuye principalmente al uso de piscinas inflables y otras actividades para mitigar las altas temperaturas.

A pesar de que Yucatán cuenta con una disponibilidad total de agua de 6,494 hectómetros cúbicos anuales y mantiene un índice de estrés hídrico relativamente bajo de 2.49, la tendencia es preocupante. El uso de agua subterránea en la Península aumentó un 80% entre 2000 y 2007, evidenciando una creciente presión sobre los recursos hídricos.

La distribución desigual del servicio agrava el problema. Los estudios indican una marcada diferencia en la cobertura de agua potable entre el norte de Mérida, donde residen poblaciones de ingresos medios y altos, y el sur, caracterizado por comunidades de bajos ingresos, lo que añade una dimensión social a la crisis.

Las proyecciones para 2050 son aún más alarmantes: algunas unidades de planificación podrían verse forzadas a consumir agua destinada a la descarga natural, lo que tendría graves consecuencias para los ecosistemas y la disponibilidad futura del recurso.

La JAPAY ha implementado algunas medidas para mejorar el servicio, como la construcción de un cárcamo de rebombeo en el Polígono 108 con capacidad de hasta 180 litros por segundo, y la habilitación de servicios digitales que atienden a usuarios mensualmente vía WhatsApp.

Sin embargo, estos esfuerzos resultan insuficientes ante la magnitud del problema. La falta de un plan integral de renovación de infraestructura y la ausencia de medidas efectivas para reducir las pérdidas por fugas siguen siendo obstáculos reales.

El cambio climático continúa siendo un factor determinante. La intensificación de las olas de calor, junto con la deforestación urbana, ha creado un círculo vicioso donde las temperaturas más altas generan mayor demanda de agua, ejerciendo presión adicional sobre un sistema ya comprometido.

Según los pronósticos meteorológicos para Yucatán en 2025, se anticipan temperaturas máximas que podrían alcanzar hasta 40°C durante los meses más calurosos. Por ejemplo, el 15 de febrero de 2025, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronosticó temperaturas máximas de 35 a 40°C en la región.

Las iniciativas actuales para promover el uso sustentable del agua, como proyectos de vivienda con tecnologías de ahorro y plantas de tratamiento de aguas residuales, representan pasos en la dirección correcta pero requieren ampliarse significativamente.

La situación demanda acciones inmediatas y coordinadas entre autoridades estatales, municipales y la JAPAY. La modernización urgente de la infraestructura, la implementación de medidas efectivas para reducir fugas, y una distribución más equitativa del servicio son imperativos para evitar una crisis hídrica en 2025 que podría afectar a más de 381,000 usuarios en la región.

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