Belén, campanas de Belén, reza uno de los versos más conocidos de uno de los villancicos tradicionales de Navidad. Después de dos mil años de haber sido el presunto lugar de un acto de suma importancia para la historia del catolicismo, actualmente la ciudad sufre algunas consecuencias del conflicto entre Israel y Palestina.

Precisamente, Belén se ubica dentro del terreno que conforma Cisjordania, uno de los dos espacios que pertenecen a Palestina y que no está bajo control de Hamás, pero que aun así sufre las consecuencias del eterno problema entre las fuerzas palestinas e Israel.

Belén se prepara para una Navidad apagada, sin las luces festivas ni el habitual árbol de Navidad que se eleva sobre la plaza del Pesebre. Las autoridades del lugar de nacimiento tradicional de Jesús decidieron suspender las celebraciones debido a la guerra.

La cancelación de las fiestas navideñas, que suelen atraer a miles de visitantes, supone un duro golpe para la economía de la ciudad, dependiente del turismo. Pero el festejo alegre es insostenible en un momento de inmenso sufrimiento de los palestinos de la franja de Gaza, declaró la alcaldesa Hana Haniyeh.

“La economía se está hundiendo”, declaró Haniyeh. “Pero si lo comparamos con lo que le está pasando a nuestro pueblo y a Gaza, no es nada”.

Desde el 7 de octubre pasado, el acceso a Belén y a otras ciudades palestinas de Cisjordania ocupada por Israel ha sido difícil, y hay largas filas de automovilistas esperando para pasar los controles militares. Las restricciones también han impedido a muchos palestinos salir del territorio para trabajar en Israel.

Las celebraciones navideñas anuales en Belén —compartidas entre las religiones armenia, católica y ortodoxa— suponen un gran impulso para la ciudad, donde el turismo representa el 70 por ciento de sus ingresos anuales. Pero las calles están vacías esta temporada.

Más de 70 hoteles de Belén se han visto obligados a cerrar, lo que ha dejado sin trabajo a unos 6,000 empleados del sector turístico, según Sami Thaljieh, director del hotel Sancta Maria.

Con información de AP