El ingeniero Rogelio Pérez Monsreal, experto en temas hídricos, reveló que la proliferación de marea roja en las costas de Yucatán tiene una conexión directa con la contaminación del manto freático que se origina no solo en la zona costera, sino principalmente en ciudades del interior como Mérida, Motul y Hunucmá.“Las FAN (Floraciones Algales Nocivas) que conforman la marea roja se alimentan del nitrógeno de la orina, el carbono de las excretas y el fósforo de los detergentes que descargamos diariamente. Todo lo que vertemos tierra adentro llega finalmente al mar a través de nuestro sistema kárstico”, explicó el especialista, quien señala que este fenómeno es el resultado acumulado de décadas de mal manejo de aguas residuales.El sistema kárstico: autopista de contaminantes al marPérez Monsreal detalló que en la península de Yucatán, donde no existen ríos superficiales, el subsuelo poroso y agrietado actúa como una red de autopistas subterráneas que transportan los contaminantes directamente al mar. “En la costa, las casas tienen sumideros, es decir, hoyos donde todas las descargas domésticas llegan muy rápido al mar. Por eso, desde hace años, a finales de agosto o septiembre, todo lo descargado durante el año llama a la vegetación algal por sus nutrientes”, advirtió.El ingeniero enfatizó que estudios realizados en Progreso y Sisal ya muestran señales claras de eutrofización por aguas residuales domésticas, con niveles alarmantes de nitrato y sílice que favorecen el crecimiento explosivo de dinoflagelados.Plantas de tratamiento: inversión millonaria que no funcionaUna de las revelaciones más preocupantes del experto es el fracaso sistémico de las plantas de tratamiento en las urbanizaciones. “La operación real es completamente diferente a la de diseño. Durante las noches, las bacterias no reciben nutrientes y el clima es desfavorable; luego, en las primeras horas del día, reciben una carga orgánica y un flujo extraordinario porque todo mundo se prepara para ir al trabajo y la escuela”, explicó Pérez Monsreal.Además, estas plantas descargan a pozos profundos donde el suelo es casi impermeable, creando cavernas subterráneas que, según documentó la doctora Patricia Bedows en el consejo de cuenca peninsular, están causando daños irreversibles al acuífero y facilitando que los contaminantes lleguen más rápido al mar.El error de imitar ciudades con ríosEl ingeniero criticó el modelo de drenaje implementado en Yucatán: “Hacemos drenaje sanitario y pluvial con tubos y alcantarillas imitando a ciudades que tienen ríos y suelo impermeable, cuando aquí no hay ríos”. Como ejemplo citó el Periférico de Mérida, donde el camellón sirve de drenaje pluvial y los pozos se tapan con basura y polvo, requiriendo limpieza constante mientras siguen contaminando directamente el acuífero. “La naturaleza mantuvo un equilibrio durante milenios con un sistema de filtración natural a través de las capas superiores del suelo, pero nosotros descargamos agua sucia directamente al acuífero”, lamentó.Manglares destruidos: la última barrera que perdimosPérez Monsreal destacó el papel de los manglares como filtros naturales que la naturaleza diseñó para proteger el mar. “Los manglares y ciénagas ayudan a disminuir los nutrientes antes de que lleguen al mar, pero estos ecosistemas se están rellenando para construir viviendas. Por eso las algas proliferan precisamente donde las descargas son más concentradas, es decir, donde hay más desarrollos habitacionales”, señaló.El experto advirtió que la destrucción de estos humedales costeros elimina la última barrera natural que podría mitigar el flujo de nutrientes hacia el mar.Granjas: otro aporte silencioso al desastreEl problema no se limita a las zonas urbanas. Según Pérez Monsreal, las granjas porcícolas y avícolas también contribuyen significativamente: “En aras de evitar emisiones de metano y cuando se pagaban buenos precios por bonos de carbono, se instalaron geobolsas como biodigestores poco eficientes y lagunas de oxidación que generan mucho lodo”. Estas instalaciones, explicó, no tienen forma de eliminar el lodo digerido con frecuencia y dejan de funcionar porque se saturan, sin considerar que “la naturaleza no hizo lagunas aquí por el tipo de suelo y clima, convirtiéndose en criaderos de fauna nociva y fuentes adicionales de contaminación”.El precio de décadas de negligencia ambiental“Las consecuencias que hoy estamos viendo con la marea roja son producto de lo que hemos hecho durante años”, expresó.“Estamos alimentando un monstruo marino con nuestros propios desechos, y la factura ambiental que estamos pagando apenas comienza. Si no cambiamos radicalmente nuestro manejo de aguas residuales, la marea roja será solo el principio de una catástrofe ecológica mayor”, sentenció el especialista.ACOM Navegación de entradasAumentan operativos contra narcomenudeo Marea roja reduce ingresos de comerciantes